20 de septiembre 2017

En Honduras en muy pocas oportunidades se ha habla de las personas migrantes retornadas con discapacidad. La agenda, principalmente en los últimos meses, es la renovación o no del Estatus Temporal Migratorio – TPS o de la Acción Deferida para los llegados en la Infancia – DACA, que tanto las acciones antimigrante del presidente Donald Trump resultará en deportaciones masivas y como estas impactarán en el envío de remesas. Son temas muy importantes que tratan de la vida de miles de migrantes, pero no son los únicos temas que deben estar en agenda.

La Comisión Nacional de Apoyo a Migrantes Retornados con Discapacidad – CONAMIREDIS insiste en que las personas migrantes retornadas con discapacidad y sus familiares deben sí ser tema permanente de la agenda de los gobiernos, de las iglesias y todos los sectores de la sociedad. La CONAMIREDIS, comisión de la Pastoral de Movilidad Humana, fue organizada a inicios del año 2009, para promover y organizar a las personas migrantes con discapacidad para el auto apoyo, en el conocimiento y defensa de sus derechos, siendo ellas mismas las protagonistas de su propia historia. Busca visibilizar por qué estas personas han tenido que emigrar, que consecuencias traen y que necesidades tienen.

No se está hablando de una o dos personas, ya son 546 personas migrantes retornadas con discapacidad asistidas por la CONAMIREDIS, y no están solas. Por cada persona migrante asistida se puede sumar, al menos, 4 familiares más. La mayoría de estas personas eran proveedoras del hogar y fueran a la ruta migratoria en búsqueda de un trabajo que pudiera garantizar vida digna a su familia. Son adolescentes, jóvenes, hombres y mujeres. Un 10% de esta población era menor de 18 años cuando adquirió la discapacidad. La gran mayoría perdió uno o más miembros de su cuerpo en un accidente de tren. Pero también hay personas que sufrieron lesión cerebral o medular.

Lastimosamente al regresar de la “pesadilla americana” estas personas todavía no han podido soñar el sueño hondureño porque la patria catracha que no les ofrecía oportunidades, y por eso se fueran del país, sigue siendo la misma: no les ofrece trabajo digno y ni les garantiza alimentación, vivienda, educación y salud pública de calidad. Del 2009, cuando se empezó a socializar los casos de personas migrantes retornadas con discapacidad, hasta la fecha, no hay por parte de los gobiernos central, departamental o municipal, ni un solo programa que responda a las necesidades de salud de esta población y, mucho menos, que garantice su reinserción integral.

La mayoría de esta población retornada con discapacidad vivía y vive en la pobreza y, un porcentaje, en la pobreza extrema. Muchas de estas personas viven en la zona rural o en pequeños municipios donde no hay oportunidad de trabajo, mucho menos para personas con discapacidad. La gran mayoría no tiene acceso a la salud pública ni para las asistencias más básicas. Faltan medicamentos, productos de curación, aparatos ortopédicos, muletas y sillas de ruedas. Y para las personas que están acamadas con lesión medular o cerebral, “la falta” es todavía más grande porque más y mayor son las necesidades. ¿Cómo cicatrizar y sanar bien los puntos del muñón, heridas y fracturas, si muchas veces mal pueden alimentarse tres veces al día con tortillas y frijoles? La carne, leche, huevos, verduras y frutas, para muchas de estas personas, todavía es parte del “sueño americano”. No es de admirar que los adolescentes hijos de estas personas han intentado o planean intentar “el viaje”. Saben que sus padres no les pueden dar, muchas veces, ni el estudio básico y creen que permaneciendo en Honduras difícilmente tendrán una vida mejor que la de sus padres.

La falta de una educación pública suficiente y de calidad obliga a miles de padres a emigrar con el deseo de poder trabajar y garantizar los estudios de sus hijos. Sumada a la falta de oportunidad, la violencia generalizada afecta directamente a las personas migrantes con discapacidad que intentan poner algún negocio de venta o de servicios como peluquería, talleres de mecánica o electricidad de carros. Muy pronto aparecen los extorsionadores y ya no se puede generar para el sostengo de la familia. Y aún más grave son los casos en que estas personas o sus hijos están siendo víctimas del reclutamiento forzado. Para que exista el “sueño hondureño” y que no sea solo un sueño pero una realidad para todas las personas es necesario seguir luchando incansablemente para que los derechos humanos sean garantizados y que se aprueben e implementen políticas públicas, programas y proyectos, gubernamentales y no gubernamentales, que brinden la asistencia integral a esta población. Es fundamental que la Ley de Equidad y Desarrollo Integral para las Personas con Discapacidad, Decreto no. 160-2005, sea implementada en su totalidad y haya fiscalización y sanción para las personas, sectores, organizaciones e instituciones que se nieguen a aplicarla.

También es importante que en esta misma ley se incluyan artículos exclusivos para la garantía de los derechos de los migrantes retornados con discapacidad y sus familiares. Es necesario que en la Ley de Protección al Migrante Hondureño y sus Familiares, Decreto no. 106-2013 se incluyan artículos específicos para la asistencia permanente y protección a las personas migrantes retornadas con discapacidad física y mental y sus familiares. El apoyo del gobierno con el la bolsa solidaria y el bono debe ser suficiente y permanente. Es urgente que el gobierno implemente un programa que garantice la educación a los hijos e hijas de las personas migrantes retornadas con discapacidad y trabajo digno para aquellos y aquellas que están en edad laboral, como forma de prevención a la emigración irregular.

La empresa privada debe hacer su parte empleando estas personas y pagándoles el justo salario. El llamado que se hace a toda la sociedad es de tratar las personas retornadas con discapacidad con respecto y dignidad. Se debe tener sentimientos de solidaridad y fraternidad para con ellas y nunca de lástima, porque, como todo ser humano, lo que más necesitan es de personas que confían en sus capacidades y las motiven a seguir adelante. Es importante recordar que la discapacidad no hace una persona anormal y sí diferente y que vivir con una discapacidad no es ser discapacitado. La discapacidad física puede limitar algunos movimientos, pero nunca la inteligencia. La discapacidad favorece el desarrollo de nuevas capacidades y da la oportunidad de sentirse ganador porque la vida pasa a ser un vencer límites cada día. Que todos y todas digan NO a la discriminación y exclusión y SÍ a la acogida e integración.