Este 13 de octubre miles de hondureños, huyendo de la pobreza y violencia extrema, salieron de Honduras a pie, bajo el sol y la lluvia, con el objetivo de llegar a los Estados Unidos en pos de encontrar trabajo. En el camino se sumaron otros migrantes y así la caravana alcanzó unas 7000 personas, entre ellos mujeres y niños pequeños.

La caravana llegó a la frontera de México con Guatemala y, ante la represión y gases lacrimógenos de la policía mexicana, cruzaron ilegalmente el río Suchiata, a nado, en barcazas, en balsas, por estar cerrado el puente. Los migrantes, agotados, sin tener qué comer ni beber recibieron tortillas de maíz, café, víveres y pañales para los niños, de los habitantes de Chiapas y otras localidades.

Reacción del gobierno norteamericano

Ante esta situación reaccionó Donald Trump: amenazó con que los Estados Unidos van a reducir la ayuda a Honduras, Guatemala y El Salvador por no detener la migración a los EEUU. El presidente norteamericano amenazó también con recurrir al ejército para impedir que los miles de migrantes entrasen a los EEUU. Así firmó un decreto que permite rechazar automáticamente los pedidos de asilo de las personas que hayan cruzado ilegalmente la frontera con México y calificó a los migrantes como criminales que quieren invadir su país.

Desesperanza extrema

Los migrantes no van tras el sueño americano, sino huyen de la pesadilla hondureña, según la explicación de un periodista local.

Enfrentan una desesperanza extrema. El país se ha convertido en lugar de tránsito del narcotráfico de Colombia hacia los Estados Unidos. A lo que hay que agregar la ultraviolencia de las maras, organizaciones mafiosas exportadas de los Estados Unidos, que practican la extorsión, la violencia extrema y el crimen. Esa situación de violencia ha engrendrado un sistema político corrupto. Así el año pasado se denunció fraude en la elección presidencial y la represión de las protestas provocaron varios muertos.

Honduras tiene un 64% de pobreza y un alto desempleo. Sin embargo, no es un país pobre: tiene grandes reservas de oro, plata, hierro y otros minerales.

El pueblo hondureño y centroamericano ha demostrado su fuerza. Lo demostró en aquella época de la Guerra Fría/Guerra Sucia, durante el golpe de Estado en Honduras de 2009, durante la destitución de Otto Pérez Molina en Guatemala, durante el conflicto poselectoral en Honduras en 2017 y en estos días. Lo que vemos en la denominada “Caravana del Migrante” son personas que no tuvieron nunca una solución a la miseria, ni a las violencias por parte de los Estados y de los grupos del crimen organizado que, en contubernio con el mundo central, oprimen cada día más a las periferias.

Sensibilizar a la opinión pública

Ante esta situación social dramática, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de la Argentina desea solidarizarse con las hermanas y hermanos de Centroamérica, en especial con esos migrantes que buscan protección, tranquilidad y trabajo.

Argentina también vivió épocas oscuras llenas de violencia estatal que obligaron a muchos a desplazarse con el fin de salvaguardar sus vidas. Sabemos, por lo tanto, lo que es ser desplazado por la violencia sin ver salidas justas dentro de regímenes autoritarios.

La Asamblea desea señalar que este desplazamiento masivo forzado es responsabilidad estatal, por lo que cualquier suceso que atente aún más la vida de las miles de personas que van caminando o bien de aquéllas que quieren unírseles podría acarrear responsabilidades legales y políticas a los gobiernos. Migrar es un derecho y el desplazamiento forzoso es un crimen internacional de lesa humanidad (artículo 7, numeral 2, literal D del Estatuto de Roma).

El delito de “persecución” es también un delito de Lesa Humanidad y una violación a la razonabilidad de la Cuarta Enmienda de The Bill of Rights de los Estados Unidos de América. Aunque los Estados Unidos alegasen no tener responsabilidades legales en cuanto al Estatuto de Roma, por no haberlo ratificado, son signatarios de dicho Estatuto. Asimismo, se ha de tener presente que ningún pueblo nacional o migrante debe vivir la segregación y la xenofobia dentro de nuestra América.

Por lo tanto, queremos hacer llegar nuestro abrazo solidario desde el otro lado del continente. Gracias hermanos y hermanas, por demostramos una vez más lo que significa la comunidad. Durante los años ochenta el pueblo hondureño abrió sus puertas, sus casa, compartieron una tortilla y una taza de café con muchas personas que venían huyendo de dictaduras, conflictos armados y guerras civiles, lo hicieron aun cuando Honduras era la central de inteligencia de la Doctrina de Seguridad Nacional y así, sabiendo que ponían en riesgo sus vidas protegieron a otras y otros porque creían en la comunidad y en el amor como única herramienta de cambio.

Asamblea Permanente por los Derechos Humanos

23 de noviembre de 2018